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Historias urbanas

Cruce de palabras en un cruce de caminos


En un supermercado de origen francés, cuyo nombre remite a un “cruce de caminos”, registré la siguiente situación:

Estaba en a fila esperando el turno para pasar por la caja cuando de repente, el hombre que estaba delante de mí, enérgicamente corrió un carrito que estaba solo y le obstruía el paso. Comenzó a descargar velozmente sobre la cinta transportadora los productos adquiridos y a los cinco segundos, de entre las góndolas, apareció una señora que dijo en tono imperativo:

-         ¡No me corras el carrito que ya estoy acá!

-         Ah no sé señora, a mí no me diga nada… dígaselo al cajero, yo soy un cliente más… como usted…

El joven cajero, mientras pasaba velozmente por el escáner los productos, observaba la situación con una mezcla de estupor y nerviosismo por su vulnerable posición en el conflicto acaecido; el hombre sin titubear prosiguió con su tarea y la señora, derrotada, buscó en mí un gesto solidario ante su disgusto.

En ese momento no tomé partido en el hecho,  me sentí incómodo; después, sólo me limité a preguntarme “¿por qué ha ocurrido esto?”

Hace algunos siglos se instaló en las personas de occidente (de las cuales formamos parte) un imperativo: “El tiempo es oro”. “El que quiere hacerse rico - decía Franklin-  no debe desperdiciar su tiempo”. Y creo que estas personas del supermercado, y otras tantas que  menudo nos encontramos en los espacios públicos, lo tienen bien presente.

El problema se genera cuando “mis derechos” se superponen con los derechos de los otros, cuando “mi tiempo” se apropia del tiempo social y usurpa el tiempo de los demás. Si la señora no hubiese especulado con el tiempo que le quedaba a la persona que tenía adelante, no se hubiera movido de su lugar. Si el señor que le corrió el carrito hubiese sido más tolerante, la discusión no se  habría producido.

La exaltación individualista de estos tiempos, nos lleva a niveles de intolerancia y de violencia que se ven reflejadas diariamente en situaciones parecidas a estas: cuando se estaciona en lugares no permitidos o en doble fila, cuando un automovilista no le da prioridad de paso a los peatones, cuando no le ceden el asiento a personas ancianas o embarazadas, cuando hablan por celular en lugares no permitidos, etc., etc.          

Los griegos sabios como Sófocles nos han dejado muchas enseñanzas. Una de sus obras más conocidas “Edipo Rey”, dice que en un incidente producido en un cruce de caminos, Edipo mata a un hombre. Sin saberlo, comienza allí a desarrollarse su propia tragedia, pues el hombre al que había dado muerte era su propio padre.   

La “viveza criolla”, la intolerancia y la violencia en todas sus expresiones, pueden llevarnos, sin dudas, a situaciones conflictivas que nadie sabe bien cómo pueden terminar. Tratemos de evitar que un cruce de palabras, en un cruce de caminos, no nos lleve a ser los protagonistas de una nueva tragedia.

Walterio


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